Antes de que todo cambiara

Nací en Tumbes.

Desde joven siempre fui una persona activa. Me gustaba hacer ejercicio, correr, nadar y estar en movimiento.

Tenía sueños y uno de ellos era ser militar.

Por eso viajé a Lima para prepararme en una academia premilitar y postular a la Escuela de Oficiales del Ejército del Perú.

Me esforzaba mucho y sentía que cada día estaba más cerca de alcanzar lo que quería.

Era un joven atlético, disciplinado y con una vocación muy clara.

No imaginaba que mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.

EL ACCIDENTE Y LO QUE VINO DESPUÉS

El 11 de octubre de 1994

Regresé a Tumbes y fui al río con un amigo.

Era un día tranquilo.

Me lancé al agua, golpeé mi cabeza contra el fondo y, al caer, doblé el cuello.

De pronto, mi cuerpo dejó de responder.

Estaba consciente de lo que ocurría, pero ya no podía moverme.

Cuando lograron sacarme del agua, miré mi reloj.

Eran las 12:20 del mediodía.

Era el 11 de octubre de 1994.

Ese momento cambió mi vida para siempre.

Y también cambió el futuro que hasta entonces había imaginado para mí.

Una vida que no había elegido

Después vinieron los hospitales, las operaciones y la recuperación.

Pero también llegaron emociones que no sabía cómo manejar.

Frustración. Desesperación. Depresión.

Durante un tiempo pensé solamente en morir.

Había perdido muchas de las posibilidades que imaginaba para mi futuro y tuve que enfrentar una realidad completamente diferente.

Pero mi historia no terminó allí.

Mi familia estuvo a mi lado y, poco a poco, comencé a descubrir nuevas posibilidades en mí.

Las ganas de vivir comenzaron a volver.

Entonces decidí trabajar para salir adelante, ponerme metas y empezar a construir una vida diferente.

Aprendí a construir otra vez

Mi vida no volvió a ser la que había imaginado.

Pero comenzó a convertirse en otra cosa.

Tuve que aprender nuevas maneras de hacer las cosas, buscar mi independencia y enfrentar nuevos retos.

Estudié Psicología y me convertí en psicólogo y psicoterapeuta.

Trabajé, emprendí diferentes proyectos, me enamoré y me casé.

La música también formó parte de mi vida.

Y hubo una idea que durante mucho tiempo estuvo en mi mente: construir una moto que pudiera manejar.

Hasta que decidí llevarla a la acción.

Construí mi propia moto adaptada y comencé nuevamente a recorrer caminos.

También retomé el tiro y empecé a compartir parte de mi experiencia a través de charlas.

No fue un camino recto.

Fue un camino de intentos, dificultades, decisiones, aprendizajes y nuevas oportunidades.

Y sigo siendo un hombre en camino

Hoy no cuento mi historia porque tenga una vida perfecta.

La cuento porque sigo viviendo mi propia experiencia.

Sigo aprendiendo.

Sigo probando.

Sigo descubriendo cosas sobre mí.

Con el tiempo comprendí que no siempre necesitamos encontrar una respuesta inmediatamente.

A veces necesitamos detenernos.

Mirar lo que está ocurriendo.

Explorar lo que estamos viviendo.

Y desde ahí decidir qué hacer.

De mi historia nació Emprendedor Emocional

Emprendedor Emocional nace también de ese camino.

De una pregunta:

¿Y si pudiéramos aprender a emprendernos a nosotros mismos?

No se trata de tener una vida sin dificultades.

Se trata de aprender a mirar de otra manera aquello que estamos viviendo.

Por eso desarrollé el Método DEA — Detenerse, Explorar y Actuar.

Una propuesta para comenzar a observar nuestra propia experiencia, explorarla y aprender de lo que vivimos.

Mi historia es mía.

Pero quizá, al conocerla, algo de ella te haga detenerte y mirar la tuya.

¿Qué te hace pensar tu propia historia?

Mi historia todavía continúa

Una Historia Sin Límites cuenta una parte mucho más amplia de este recorrido.

En el libro encontrarás momentos, decisiones, dificultades, proyectos y experiencias que aquí no caben.

Y podrás acercarte a esa historia de dos maneras:

leyéndola o escuchándola.

Mi historia todavía la sigo viviendo.

Y quizá tú también estés comenzando a mirar la tuya.

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